Spiga
Mostrando entradas con la etiqueta Depresion Infantil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Depresion Infantil. Mostrar todas las entradas

Incremento espectacular de la depresión bipolar en los niños

La cifra de niños y adolescentes que sufren depresión bipolar se ha incrementado de forma espectacular entre 1994 y 2003, con un aumento que la doctora Carmen Moreno, de la unidad de Adolescentes del hospital universitario Gregorio Marañón, cifró en un 4.000%. El estudio, que fue presentado en el XI Congreso Nacional de Psiquiatría, pone de relieve que la definición de la enfermedad se complica a medida que disminuye la edad del paciente debido a que los niños aún no han desarrollado sus emociones cognitivas. Entre los síntomas que presentan los más jóvenes están la irritabilidad, disminución del entendimiento escolar y falta de concentración.

El doctor José Manuel Crespo, del hospital de Bellvitge de Barcelona, explicó que la mayor parte de los pacientes adultos presentan esta patología, el 60%, sufren episodios de melancolía mientras que el 26% se consideran depresivos atípicos. Las estadísticas confirman que el suicidio puede llegar a consumarse en el 20% de los casos y que la mayoría de los enfermos diagnosticados se caracterizan por su juventud.

Por otra parte, la doctora Carmen Moreno, del hospital Gregorio Marañón, cuestionó que los criterios clínicos que se están utilizando en Estados Unidos en el diagnóstico del trastorno bipolar, de los que se deduce un impresionante aumento en la población infantil, se correspondan con la realidad o más bien con un sobrediagnóstico.

Fuente: elcorreogallego.es

Depresión Infantil aumenta mientras adultos disminuyen casos

La depresión, el estrés y la angustia no solamente pertenecen al mundo de los adultos, también están presentes en el de los niños, pero en la mayoría de las ocasiones es minimizado, incomprendido o simplemente desconocido, por ello los menores no reciben la atención adecuada y oportuna.

El 10% de las consultas del Servicio Estatal de Salud Mental, son otorgadas a este grupo poblacional, lo que representa que los niños cada vez están más inmersos en este complejo mundo.

De acuerdo con especialistas, la depresión y el estrés en los niños es más evidente en la etapa escolar, principalmente al inicio de clases, o por lo menos los síntomas son más constantes.

El 4% de la población estudiantil, que inicia un ciclo escolar, manifiesta algunos problemas de adaptación a su etapa formativa, los cuales se traducen hasta rechazo a la escuela.

Al respecto, Félix Higuera Romero, director General del Servicio Estatal de Salud Mental, indicó que es importante identificar las señales que expresa el niño, tanto en la escuela como en la casa, sobre las dificultades de adaptación y que se traducen en preocupación excesiva, temores, miedos y angustia anticipada.

INICIO DE CLASES, EL MAYOR TEMOR

La depresión puede ocurrir y presentarse a lo largo de la vida, identificarse desde un niño lactante y las señales son el rechazo al alimento, llanto incontrolable, dificultad para arrullarse e inclusive inestabilidad en sus ritmos biológicos como el sueño o la capacidad para percibir las señales afectivas y expresar reciprocidad ante éstas.

En la etapa preescolar existen otros signos de estado de ánimo depresivo, aunque sigue predominando la irritabilidad, el llanto y quizás el rechazo al alimento, anotó el funcionario médico.

Sin embargo, son pocos los casos que podrían identificarse como depresión, tendría que ser un experto para lograrlo, consideró Higuera Romero.

"Los papás pueden identificar resistencia del niño a entrar a la escuela, rechazo escolar, expresar cansancio, agotamiento, dolor de cabeza y estomago o algún malestar en general, estos signos a veces se atribuyen al peso de la mochila y provocan dolor de espalda", argumentó.

En el salón de clases, el niño presenta dificultad para poner atención, estar concentrado, iniciar o dar continuidad a la tarea que el profesor le ha dejado.

"Entre los factores que también se contemplan en el niño, que recién se incorpora a las actividades escolares, son enfrentarse a los mismos o nuevos compañeros de clases, hacer nuevas amistades, perder amigos, estar sometidos a un reglamento al que no están acostumbrados (principalmente quienes estaban en kinder),cambiar de escuela y de grado", recalcó.

Estas situaciones son el resultado de un prolongado período de relajación de la disciplina, es decir, durante vacaciones, porque hay una modificación del ritmo biológico de dormir y en los hábitos alimenticios.

"Con el inicio de clases viene la reincorporación a los hábitos rutinarios escolares como levantarse más temprano, bañarse y cambiarse en un tiempo muy breve, además, la situación se complica si hay dos o tres hermanos más, porque los padres de familia deben apresurar a sus hijos para que terminen rápido", abundó.

ES PASAJERO, PERO REQUIERE ATENCION

Estas manifestaciones son pasajeras, pero es importante advertirlas para evitar otro tipo de trastornos emocionales como ansiedad, miedos o fobias específicas como hablar en público, exponer frente a clases y angustia demasiado excesiva.

"Si los padres están identificando que el niño está demasiado angustiado o temeroso deben dedicarle un tiempo suficiente y escucharlo para conocer cuál es su versión, percepción o interpretación que tiene de él mismo y del entorno escolar en donde está involucrando", detalló.

Cuando los padres de familia conocen los miedos y temores deben proporcionar al niño confianza, seguridad y sobre todo hacerles ver que contarán con ellos cuando los necesiten, puntualizó Félix Higuera.

Muchos padres no toman en consideración que es muy importante el enseñarle a sus hijos a solicitar ayuda cuando así la necesiten. Si el niño no solicita ayuda, puede ser que el problema se mantenga durante el transcurso del tiempo, no se identifique como tal o se tome como problema de conducta, disciplina o desobediencia.

Fuente: oem.com.mx

Suicidio Adolescente

¿Qué es el comportamiento suicida?

El comportamiento suicida se define como la preocupación o acción orientada a causar la propia muerte de manera voluntaria. El intento de causar la propia muerte es esencial en esta definición. El pensamiento suicida hace referencia a ideas de cometer suicidio o el deseo de quitarse la propia vida. El comportamiento suicida hace referencia a las acciones concretas realizadas por quien está pensando o preparándose para provocar su propia muerte. El intento de suicidio normalmente hace referencia a una acción orientada a provocar la propia muerte que no logra su objetivo. El suicidio hace referencia a haber causado intencionalmente la propia muerte.

¿Cuáles son las causas del intento de suicidio en los adolescentes?

La adolescencia es un período del desarrollo de mucho estrés lleno de cambios muy importantes: cambios en el cuerpo, cambios en las ideas y cambios en los sentimientos. El intenso estrés, confusión, miedo e incertidumbre, así como la presión por el éxito, y la capacidad de pensar acerca de las cosas desde un nuevo punto de vista influye en las capacidades del adolescente para resolver problemas y tomar decisiones. Para algunos adolescentes, los cambios normales del desarrollo, a veces acompañados por otros hechos o cambios en la familia como el divorcio o la mudanza a una nueva comunidad, cambios de amistades, dificultades en la escuela u otras pérdidas, pueden causar gran perturbación y resultar abrumadores. Los problemas pueden apreciarse como demasiado violentos o difíciles de sobrellevar. Para algunos, el suicidio puede parecer una solución. Del 12 al 25 por ciento de los niños mayores y adolescentes experimentan algún tipo de idea acerca del suicidio (pensamiento suicida) en algún momento. Cuando los sentimientos o pensamientos se vuelven más persistentes y vienen acompañados de cambios en el comportamiento o planes específicos de suicidio, el riesgo de un intento de suicidio se incrementa.

¿Qué se sabe acerca del suicidio adolescente?

En las últimas décadas, la tasa de suicidio en los jóvenes se incrementó de manera significativa. En 1997, el suicidio fue la tercera causa principal de muerte en jóvenes de 15 a 24 años de edad, y la tercera causa principal de muerte en niños de 10 a 14 años de edad. Según el Instituto Nacional de la Salud Mental (National Institute of Mental Health, NIMH), los resultados de la investigación científica establecen lo siguiente:

  • Se estima que hay de ocho intentos de suicidio por cada suicidio concretado, y la proporción es aun mayor entre los jóvenes.
  • Los principales factores de riesgo para el intento de suicidio en los jóvenes son la depresión, el abuso de sustancias y los comportamientos agresivos o perturbadores.
En un llamamiento a tomar medidas para la prevención del suicidio hecho por el Jefe del Servicio de Sanidad de Estados Unidos (U.S. Surgeon General) en 1999 se informó lo siguiente:
  • Los suicidios con armas de fuego representaron el 63 por ciento del incremento de la tasa global de suicidios desde 1980 hasta 1996, en el grupo comprendido entre los 15 y los 19 años.
  • Los hombres menores de 25 años tienen mayor probabilidad de suicidarse que sus pares mujeres. En 1996, la proporción entre ambos sexos para el grupo comprendido entre los 15 y los 19 años fue de 5 a 1 (hombres respecto de mujeres).

Los Centros para la Prevención y el Control de las Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, su sigla en inglés es CDC) informan lo siguiente:
  • Los hombres tienen una probabilidad cuatro veces mayor de morir a causa de suicidio que las mujeres.
  • Sin embargo, las mujeres tienen mayor probabilidad de intentar el suicidio que los hombres.
¿Cuáles son los factores de riesgo del suicidio?

Los factores de riesgo del suicidio varían de acuerdo a la edad, el sexo y las influencias culturales y sociales, y pueden modificarse a lo largo del tiempo. Por lo general, los factores de riesgo del suicidio se presentan combinados. A continuación, se incluyen algunos de los factores de riesgo que pueden presentarse:
  • Uno o más trastornos mentales diagnosticables o trastornos de abuso de sustancias.
  • Comportamientos impulsivos.
  • Acontecimientos de la vida no deseados o pérdidas recientes (por ejemplo, el divorcio de los padres).
  • Antecedentes familiares de trastornos mentales o abuso de sustancias.
  • Antecedentes familiares de suicidio.
  • Violencia familiar, incluido el abuso físico, sexual o verbal/emocional.
  • Intento de suicidio previo.
  • Presencia de armas de fuego en el hogar.
  • Encarcelación.
  • Exposición a comportamientos suicidas de otras personas, incluida la familia, los amigos, en las noticias o en historias de ficción.
Señales de aviso de sentimientos, pensamientos o comportamientos suicidas:

Muchas de las señales de aviso de posibles sentimientos suicidas son también síntomas de depresión. La observación de los siguientes comportamientos ayuda a identificar a las personas que pueden encontrarse bajo el riesgo de intento de suicidio:
  • Cambios en los hábitos alimenticios y del sueño.
  • Pérdida de interés en las actividades habituales.
  • Retraimiento respecto de los amigos y miembros de la familia.
  • Manifestaciones de emociones contenidas y alejamiento o huida.
  • Uso de alcohol y de drogas.
  • Descuido del aspecto personal.
  • Situaciones de riesgo innecesarias.
  • Preocupación acerca de la muerte.
  • Aumento de molestias físicas frecuentemente asociadas a conflictos emocionales, como dolores de estómago, de cabeza y fatiga.
  • Pérdida de interés por la escuela o el trabajo escolar.
  • Sensación de aburrimiento.
  • Dificultad para concentrarse.
  • Deseos de morir.
  • Falta de respuesta a los elogios.
  • Aviso de planes o intentos de suicidarse, incluidos los siguientes comportamientos:
  • Verbaliza: "Quiero matarme" o "Voy a suicidarme".
  • Da señales verbales como "No seré un problema por mucho tiempo más" o "Si me pasa algo, quiero que sepan que ...".
  • Regala sus objetos favoritos; tira sus pertenencias importantes.
  • Se pone alegre repentinamente luego de un período de depresión.
  • Puede expresar pensamientos extraños.
  • Escribe una o varias notas de suicidio.
Las amenazas de suicidio significan desesperación y un pedido de auxilio. Siempre se deben tener en cuenta muy seriamente los sentimientos, pensamientos, comportamientos o planes de suicidio. Todo niño o adolescente que expresa ideas de suicidio debe ser sometido a una evaluación inmediatamente.

Las señales de aviso de sentimientos, pensamientos o comportamientos suicidas pueden parecerse a las de otras condiciones médicas o problemas psiquiátricos. Siempre consulte con el médico de su hijo para el diagnóstico.

Tratamiento para los sentimientos y comportamientos suicidas:

El tratamiento específico para los sentimientos y comportamientos suicidas será determinado por el médico de su hijo adolescente basándose en lo siguiente:
  • La edad del adolescente, su estado general de salud y su historia médica.
  • Qué tan avanzados están los síntomas del adolescente.
  • La seriedad del intento.
  • La tolerancia del adolescente a determinados medicamentos, procedimientos o terapias.
  • Sus expectativas con respecto del riesgo futuro de suicidio.
  • Su opinión o preferencia.
Todo adolescente que haya intentado suicidarse requiere de una evaluación física inicial y tratamiento hasta recuperar la estabilidad física. El tratamiento de la salud mental para los sentimientos, ideas o comportamientos suicidas comienza con una evaluación minuciosa de los acontecimientos de la vida del adolescente ocurridos durante los dos o tres días previos al comportamiento suicida. Una evaluación integral del adolescente y de la familia contribuye a la toma de decisiones con respecto de las necesidades de tratamiento. Las recomendaciones de tratamiento pueden incluir, entre otras, la terapia individual para el adolescente, terapia de familia y, cuando sea necesario, la internación para brindarle al adolescente un entorno supervisado y seguro. Los padres tienen un rol vital de apoyo en cualquier proceso de tratamiento.

Prevención del suicidio:

El reconocimiento y la intervención temprana de los trastornos mentales y de abuso de sustancias es la forma más eficaz de prevenir el suicidio y el comportamiento suicida. Varios estudios han demostrado que los programas de prevención del suicidio con más probabilidad de éxito son aquéllos orientados a la identificación y el tratamiento de la enfermedades mentales y el abuso de sustancias, el control de los efectos del estrés y de los comportamientos agresivos.

El suicidio es un problema de la salud pública trágico y potencialmente prevenible. En 1999, el Jefe del Servicio de Sanidad de Estados Unidos (U.S. Surgeon General) realizó un llamamiento a tomar medidas para la prevención del suicidio mediante la introducción de una estrategia de Conciencia, Intervención y Metodología (Awareness, Intervention, and Methodology, su sigla en inglés es AIM). El plan incluye iniciativas de investigación, conferencias y la evaluación de la eficacia de los programas de prevención actuales. El Centro Nacional para la Prevención y Control de Lesiones (National Center for Injury Prevention and Control, su sigla en inglés es NCIPC) trabaja para aumentar la conciencia del suicidio como un problema serio de la salud pública. Consulte al médico de su hijo para obtener más información.

Fuente: healthsystem.virginia.edu

Depresion Infantil: Niños De Mirada Triste

Hay días en que los niños lloran continuamente, se enojan con frecuencia, no quieren jugar con sus amigos o se desconcentran a la hora de estudiar. Muy pocos padres se preocupan porque saben que puede deberse a un simple resfrío que se está incubando, o al cansancio de un día muy agitado.

Sin embargo, cuando estos estados de ánimo se perpetúan más allá de un par de semanas y se unen a otros síntomas como la disminución de la vitalidad y alteraciones en el sueño y la alimentación, puede tratarse de una enfermedad: la depresión infantil.

Si bien su origen puede obedecer a múltiples factores, lo que no varía
-según explica la psiquiatra infantil Constanza Recart- es que se trata de niños que lo están pasando muy mal, porque tienen una pena o dolor tan grande, que inhibe su desarrollo y altera alguna de las áreas de su conducta habitual, sea social o familiar.

Por esto, una de las señales que no se puede manipular es la mirada. Es una mirada que transmite esa tristeza. Por su parte, la sicóloga Claudia Cambiaso explica que los síntomas van variando dependiendo de la etapa de desarrollo. En los lactantes y hasta los tres años, se producen trastornos en los ritmos básicos, es decir la alimentación y el sueño que pueden aumentar o disminuir.

También se observa apagamiento del pequeño y evitación de la mirada, junto a una mayor irritabilidad y agresividad. Cuando ya se encuentra en etapa escolar, se agregan otros cambios como el aislamiento, no juega con sus pares; disminución de la concentración y rendimiento; baja autoestima, aparición de enuresis (hacerse pipí) y conductas fóbicas como no querer salir de la casa o no soportar despegarse de la mamá.

Pérdida o abandono

La aparición de la depresión puede obedecer tanto a factores individuales como sociales. Vivimos un tipo de vida que facilita el desencadenamiento de esta enfermedad. Colegios cada vez más competitivos y exigentes. Familias menos extensas con ambos padres trabajando fuera, debilitándose los vínculos afectivos y la comunicación. Mayor individualismo que se traduce en falta de grupos o redes de apoyo.

Esto no significa que todos los niños se enfermen de depresión. Son factores de riesgo que aumentan sus probabilidades, pero no la determinan. La depresión de uno de los padres o familiar directo eleva las posibilidades de sufrirla, puesto que el menor está inserto en un sistema que tiende a ella.

También la falta de contacto afectivo, que se puede traducir en sensación de abandono y baja autoestima ya que el niño siente que no es digno de cariño. Tanto en adultos como en niños, generalmente está asociada a pérdidas o abandonos. La muerte o alejamiento de una persona significativa, como el abuelo, hermano o su mascota, así como la separación de los padres, pueden detonar este trastorno. Los cambios de ciudad, colegio o casa también representan pérdidas. A juicio de la sicóloga Cambiaso, poder deprimirse como un proceso donde se elaboran las pérdidas es un logro, pues éstas deben ser experimentadas por el niño. Si a un menor se le muere su abuelo del que era muy regalón, sería preocupante que no manifestara su tristeza. Es lo que se llama depresión adaptativa.

Aquí la actitud de los padres es clave para que el niño pueda superar su condición. Si lo acogen, comprenden y empatizan con su dolor y pérdida, no será necesario recurrir a una psicoterapia. Por el contrario, si lo critican, ridiculizan o castigan, la enfermedad se agudizará.

En general los niños depresivos suelen ser detallistas, perfeccionistas y exigentes. Esto los lleva a agotarse y frustrarse más, lo que unido a otros factores puede detonar una depresión. Existe también la depresión mayor o severa en la cual los niños muestran prácticamente todos los síntomas y no pueden ser modificados fácilmente. En general son patologías que se arrastran por bastante tiempo y el tratamiento incluye psicofármacos, además de la terapiaindividual y familiar.

Cuando el niño está muy deprimido, los remedios son fundamentales porque levantan el ánimo, bajan el nivel de angustia, comienzan a tener una perspectiva más positiva de sí mismos y de su entorno.

En opinión de la psiquiatra Recart, la recuperación de esta patología es completa. Sin embargo, aumenta el riesgo de reincidencia debido a una forma adaptativa de reaccionar frente a situaciones adversas que ya está incorporada en la biografía del niño. Lo que no quiere decir que será depresivo toda la vida.

Algunos autores afirman que no hay continuidad entre la patología infantil y la adulta.

Cariño protector

La depresión no aparece porque sí, sino que se inserta en una red de relaciones que la hacen posible. Si se abarca esta red y se realizan transformaciones puede mejorarse. La sicóloga Cambiaso recomienda a los padres y profesores bajar el nivel de exigencia y aumentar los refuerzos positivos, porque el menor requiere otro tipo de contacto, más acogedor y amoroso. Realizar actividades recreativas es una buena idea para incentivar el contacto afectivo. A veces sólo basta estar presente en sus juegos o deportes.

También es muy importante expresar abiertamente el cariño, decir y demostrarles lo mucho que se los quiere y lo importantes que son.

Aunque es difícil hablar de prevención en una enfermedad tan compleja, sí hay elementos que protegen frente a situaciones adversas. Una buena armonía familiar, un clima positivo de confianza y acogimiento que estimule la comunicación, son elementos que facilitan la resolución exitosa de conflictos a todos sus miembros. Y lo más importante, que los padres estén atentos a las distintas señales que envíe el niño. Ellos son el factor más relevante en el tratamiento de la depresión infantil, y si buscan ayuda van a poder desarrollar las herramientas que necesitan para sacar de este estado anímico a su hijo.

Factores de riesgo

- Pérdidas o abandonos.
- Altas exigencias tanto familiares como sociales.
- Falta de contacto afectivo.
- Depresión de uno de los padres o familiar directo.
- Falta de redes sociales o grupos de apoyo.

Factores protectores

- Niveles de exigencia adecuados a cada niño.
- Aumentar lo lúdico.
- Buena comunicación.
- Aumentar los refuerzos positivos.
- Tener expresiones abiertas de cariño.
- Que los padres muestren sus emociones y dificultades cotidianas.
- Buena armonía familiar.

Síntomas por edad

0 a 3 años
- Trastornos de los ritmos básicos (alimentación y sueño)
- Apagamiento
- Evitación de la mirada
- Irritabilidad y agresividad

Etapa escolar

- Infelicidad prolongada
- Aislamiento, no juega
- Baja autoestima
- Enuresis (hacerse pipí)
- Irritabilidad
- Conductas fóbicas
- Baja concentración y rendimiento

Los más afectados

Principalmente se presenta en la adolescencia, entre los 12 y 18 años. Durante esta etapa, el joven busca consolidar su identidad y, al mismo tiempo, debe armonizar estas demandas personales con las sociales. Es un período de bastante cambio y crisis en el que no siempre cuentan con apoyo o sustento.
Se da por igual en ambos sexos. A partir de la adolescencia y en la adultez, es más frecuente en las mujeres.

Acerca De La Depresión Infantil

La depresión que antes solo se diagnosticaba en personas adultas, está cada día haciendo sufrir también a los niños. Ya no son sólo los adultos los que se deprimen. La depresión infantil, según Cynthia Callahan, gerente de una clínica de orientación infantil, en Madera, puede surgir a causa de "cambios importantes y estrés”, como resultado de la pérdida de los padres, un divorcio, o problemas familiares, etc.

Aproximadamente el 5 por ciento de los niños de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención o de la conducta, o discapacidades en el aprendizaje, o aún problemas de salud mental, corren mayor riesgo de sufrir depresión.

¿Mí hijo tiene depresión?
Seguro que en algún momento de la infancia de su hijo, alguna madre se ha preguntado eso. Lo primero que hay que decir es que cada niño es único en su forma de ser. Hay que conocer muy bien al niño y saber lo que es realmente normal en su comportamiento.

No hay que apresurarse a sacar conclusiones. Padres y profesores han de estar atentos cuando algún niño presente alguna de las siguientes características

  • está continuamente triste, llorando con más facilidad
  • pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela
  • se aleja de sus amigos y de la familia
  • presenta una comunicación pobre
  • se aburre y se cansa con facilidad
  • presenta menos energía o concentración
  • se queda irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, montando rabietas o berrinches con más facilidad.
  • se le nota extremamente sensible hacia el rechazo y el fracaso
  • expresa baja autoestima, depreciándose a ellos mismos
  • elige “finales tristes” para sus cuentos y representaciones
  • se comporta de una manera agresiva
  • se queja constantemente de dolores tales como de cabeza o de estómago
  • duerme demasiado o muy poco
  • come demasiado o muy poco
  • sufre una regresión, hablando como un bebé u orinándose en la cama
  • habla de suicidio
  • habla de escaparse de la casa
La depresión también afecta a los bebés
Con niños de hasta tres años, las señales para preocuparse empiezan cuando esos niños parecen tristes o decaídos aun cuando se les están consolando. Pueden, incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse.

La depresión en esos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.
La depresión en los bebés se ve reflejada en su estado anímico; lo que no quiere decir que el bebé llora porque está triste, sino que da la impresión de que está apático y sin ninguna iniciativa.

En cuanto a las señales que manifiesta el bebé, está el hecho que no rechace los brazos de un desconocido, significa que algo pasa ya que lo normal es que el bebé tenga angustia por la separación de su madre y se ponga a llorar. Otra señal se muestra cuando el niño no siente deseos de llamar la atención, ya que a esta edad lo normal es que el bebé quiera atraer la atención de las personas que lo rodean.

Las consecuencias que puede tener la presencia de un cuadro depresivo en el bebé son varias. Puede producir cierto retraso en el desarrollo como el inicio de la marcha más tarde de lo normal, el inicio del habla, tener problemas de sueño, somatizaciones frecuentes, enfermedades de tipo infecto-contagioso debido a una disminución de las defensas biológicas que permanecen más allá de todo cuidado, alteraciones en la alimentación que mantienen al bebé en un estado de decaimiento.

Qué se puede hacer en esos casos
No ignore los síntomas de depresión
Dé mas atención de lo normal a su hijo. Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas. Lea libros infantiles con temas relacionados, dibuje, pinte, construya un puzzle con su hijo. Debe dedicarle un momento especial y único y así, crear un ambiente más cercano y de confianza.

Hágale preguntas y esté atento a las pistas
Un niño en edad de escolarización primaria puede llegar a decir “soy tonto”. No se trata simplemente de apoyarlos diciéndoles que no lo son, pregúnteles sobre el porqué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc. El niño podrá contestar diciendo que todo es una porquería. Y entonces pregúntele qué es lo que le parece malo. Lo importante es indagar sobre lo que piensa el niño. El niño necesita de atención, del interés por su parte.

Establezca y mantenga las rutinas
El niño necesita sentirse arropado por una disciplina. Se sienten colaboradores y partícipes cuando se establece un horario para cada actividad. Los “limites” los piden él. Por ejemplo: no existe nada más cálido y lleno de afecto como leer un cuento antes de dormir, y ser bien arropado en su camita. De esta forma estarás diciendo al niño que los problemas no son culpa de ellos. Que todo continua como antes y que él es importante para ti.

Esté atento por si el niño tiene estrés
Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño. Pregúntese si tu hijo no está haciendo demasiadas cosas. Si no le estás sobrecargando de actividades. Puede que el niño se siente cansado y estresado.

Tranquilice a su niño
Nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su rutina. Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, si necesita de nuevas actividades y rutinas.

Busque tratamiento médico en el caso de que su hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Tendrás que confiar en su instinto. Si ves que su niño ha sobrepasado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo medico. El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para los niños deprimidos. Comente el caso con el pediatra.

Fuente: guiainfantil.com

Depresión y suicidio infantil

El concepto de depresión infantil se forma como tal en 1987 como un conjunto de síntomas que forma un síndrome. Se establece que puede existir en todas las edades y como mínimo para poder hablar de ella la sintomatología debe durar alrededor de un mes.

La clínica destacable para la depresión infantil es la siguiente:

  • Afecta diferentes aspectos (nivel cognitivo, nivel afectivo, nivel motriz).
  • Se acostumbra a apreciar tanto el principio como el final.
  • Afecta el humor: el niño se siente triste, llora con facilidad, es incapaz de encontrar disfrute en diferentes cosas que antes le hacían sonreír.
  • En el aspecto cognitivo apreciamos que su cognición, sus pensamientos están distorsionados, parece haberse alterado la capacidad de comprensión y la capacidad de atención.
  • En el aspecto psicomotor se cansan sin motivo y su actividad desciende a pasos agigantados.
  • Se perciben también aspectos psicosomáticos: alteración del sueño, alteración en el comer, pérdida de apetito, cefaleas, vómitos, enuresis o dolores abdominales.
La prevención se hace muy difícil por impedimento en incidir en su entorno inmediato. Los factores de riesgo que deberíamos poder prevenir son:
  • Un entorno familiar desorganizado.
  • Depresiones de los padres.
  • Enfermedades psiquiátricas de los padres.
  • Situaciones escolares y sociales adversas.
  • Patologías orgánicas o psicológicas en el niño.
A lo largo de la historia diferentes modelos han tratado de dar explicación a la Depresión infantil. Podemos agruparlos en dos grandes bloques:
  1. Modelo Biológico
  2. Modelo Psicológico
El modelo biológico dice que la depresión infantil se produce por una alteración de los neurotransmisores y la manera de tratar será mediante la administración de psicofármacos.

En el modelo psicológico podemos distinguir tres corrientes:
  1. Psicoanálisis: Cree que la depresión se produce por la pérdida de un objeto. El objeto puede ser la autoestima o la muerte de un ser querido.
  2. Conductual: Se cree que la depresión infantil se produce por falta de reforzamientos.
  3. Cognitiva: Postulan que el niño se deprime porque tiene unas distorsiones cognitivas respecto a:
  • Sí mismo
  • El mundo que lo envuelve
  • El futuro
Para evaluar la depresión infantil debemos utilizar diferentes pruebas entre las que cabe destacar las siguientes:
  • Pruebas psicofisiológicas
  • Pruebas psicológicas dentro de las cuales destacamos:
  1. Escalas autoevaluativas como el CDI o el BIRLENSON.
  2. Escalas heteroevaluativas para que contesten los padres, otros adultos o inclusive sus propios compañeros.
  3. Entrevistas estructuradas como la DISC.
  4. Entrevistas semiestructuradas como la POZNANSKI.
El concepto de muerte en el niño se va adquiriendo progresivamente. Según Piaget, el concepto de muerte irreversible el niño no lo adquiere hasta los 12 años.
El niño potencialmente suicida tendría ideas patológicas de muerte; son niños que piensan más en la muerte que otros. A nivel cognitivo están mucho más desestructurados, viven los fracasos de forma más grave de lo que realmente es, sin encontrar vías alternativas de solución.

La conducta suicida pasa por cuatro fases:
  1. Ideación suicida.
  2. Amenazas.
  3. Intentos (de muy leves a muy severos).
  4. Suicidio consumado.
La frecuencia del suicidio consumado es pequeño por debajo de los 14 años, pero existe. Muchas veces son los propios padres los que no lo declaran como tal. El impacto para los padres es terrible tanto por el hecho en sí como por la sociedad que los señala. Esto provoca que a menudo se sienten culpables y nieguen el hecho hablando de accidentes, lo cual es menos traumatizante.

Es importante incidir en los factores de riesgo para prevenirlos. Destacamos los siguientes factores de riesgo inherentes en el propio niño:
  • Concepto de muerte.
  • Funcionamiento cognitivo (tipo de pensamientos).
  • Depresión.
  • Agresividad, hiperquinesia.
  • Falta de comunicación.
  • Motivacional.
El niño suicida tiene más variaciones en el concepto de la muerte, piensa más en ella como un fenómeno reversible.

El niño suicida vive el fracaso escolar como un fenómeno sin solución. Su capacidad de pensamiento es limitada y poseen visión de túnel lo que les imposibilita encontrar alternativas viables.

Algunas motivaciones inmediatas que provocan el suicidio infantil pueden ser los intentos de venganza, dejar de ser una molestia, el abuso o maltrato, cualquier síntoma de perturbación familiar.

Toda experiencia negativa de la primera infancia puede provocar el suicidio infantil.

La terapia a seguir frente a la ideación suicida es la cognitiva y si el entorno familiar es nocivo deberá separarse al niño se ese entorno perturbador.

- Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo